lunes, 27 de octubre de 2014

Por cuánto

Otro día (más) aquí, sentada pensando en ti. No sales de mi cabeza. 

Te has plantado y has echado raíces. 
Tan profundas, tan fuertes que ya son imposibles de arrancar. 


He cortado el tronco, intentando olvidar lo que fuimos
o lo que nunca fuimos, mejor dicho. 
Pero las raíces siguen ahí, debajo, enterradas y bien agarradas a mi corazón. 
Y aprietan. 
Duelen. 
Agobian. 
Y me van cortando poco a poco la circulación. 


Haciendo que nada me llene, 
que nada me llegue, 
que todo se marche, 
que nada sea claro. 


Y yo… yo necesito aire fresco. 
Salir a respirar e intentar florecer de nuevo. 
Volver a ser la de antes. 
Pero tú, tú no me dejas. 


Y yo me pregunto por cuánto tiempo tienes planeado rondar mi cabeza. 
Por cuánto tiempo vas a seguir pegado a mi almohada 
y sorprendiéndome en mis sueños. 
Por cuánto tiempo voy a tener que tener el corazón apretado, 
dolido, 
agobiado 
y apunto de estallar


Por cuánto. 


Dime un tiempo y yo, yo lo acepto. 
Me parecería justo. 
Pero dime que esto no dura eternamente. 
Que este dolor que siento es momentáneo. 


Que ahora viene la parte de aflojar, 
de curar, 
de respirar 
y soltar. 
Dime que esa parte va a llegar. 



Porque esto cada vez aprieta más, 
duele más, 
agobia hasta la agonía 
y poco a poco yo… 
Yo dejo de ser yo sin mi corazón.

Esto de tener el corazón vacío, me refiero.


Hundida entre mis pensamientos y ahogándome en mis propias lagrimas. 

Duele mucho. Muchísimo. 

Esto de tener el corazón vacío, me refiero. 


Yo sigo aquí… y tú… tú sigues con ese pelo rubio revuelto, despreocupado, pero que está perfectamente pensado. Tú sigues con tu media sonrisa y tus guiños de ojos y ese descaro para andar. Tú sigues llevando mis sudaderas favoritas y esos vaqueros que te hacen tan buen culo. Tú te metes las manos en los bolsillos de la chaqueta y me sigues mirando de reojo. Tú sigues empeñado en seguir en tu mundo mientras que yo… Yo sigo aquí, empeñada en entrar en el tuyo.
Olvidándome de que debo construir el mío propio. Olvidándome de disfrutar de mi mundo, porque parece que sin ti, nada tiene sentido. 

Y yo, yo no puedo olvidarte así como así. No puedo y no quiero. 

Y quizás ese sea el único problema. 

O quizás sea ese pelo rubio revuelto, despreocupado, que está perfectamente pensado y analizado por mis ojos.

Pero para variar, el orgullo pesa más que los sentimientos.

¿A quién pretendo engañar? Aún duele y mucho. 

Escribo con su nombre de fondo y su cara al otro lado de la pantalla interesándose o hablando con otras personas. No conmigo. 

Aún no soy lo suficientemente fuerte como para olvidarlo y borrar su nombre de mi mente. 
No quiero tampoco, aunque sé que en algún momento tendré que hacerlo. 

Hacerlo por mi y no por él. 

Pero yo lo único que quiero hacer es cualquier cosa con él y que se vuelva a fijar en mi. Que vuelva a ser lo de antes y que las cosas vuelvan a tener sentido. Quiero dejar de despertarme de mal humor porque se que el día que viene por delante va a ser una puta mierda sin sus palabras o su sonrisa y sé que el día de otra chica será estupendo. Y tengo envidia, claro que sí. Me moriría por una palabra más de él y un poco de atención. Me encantaría que un día me dijese que me echa de menos y que todo lo que pasó fue un error. Pero para variar, el orgullo pesa más que los sentimientos.


Quizás no queden sentimientos y sea una causa perdida. Quizás todo esté en mi cabeza y solo sea una loca enamorada. Pero esta loca enamorada no necesita a nadie nuevo para querer, sino una persona nueva por quien ser querida.

Me duele el corazón sin ti


Lo que realmente duele, no es saber que no te tengo ya, 
si no saber que ya no estoy en tu cabeza (al menos),
unos cuantos momentos al día. 

Duele saber que ya no me miras
(con los mismos ojos que antes)
 y duele saber que tu respiración no se acelera 
(cuando estoy cerca).

Duele saber que ya no te acuerdas de mi cumpleaños, 
del nombre de mi gato o de mi color favorito. 

Duele (y se clava en el alma) saber que ya no soy nadie para ti 
y duele saber que nada hará que todo vuelva a ser como antes. 

Duele verte y no poder mirarte a los ojos, 
correr a darte un beso o sonreírte a distancia. 
Duele muy dentro. 
Duele tanto que parece que este corazón no tiene ganas de sufrir de nuevo 
y parece que no quiere volver intentar enamorarse. 

Me duele el corazón sin ti.