lunes, 27 de octubre de 2014

Esto de tener el corazón vacío, me refiero.


Hundida entre mis pensamientos y ahogándome en mis propias lagrimas. 

Duele mucho. Muchísimo. 

Esto de tener el corazón vacío, me refiero. 


Yo sigo aquí… y tú… tú sigues con ese pelo rubio revuelto, despreocupado, pero que está perfectamente pensado. Tú sigues con tu media sonrisa y tus guiños de ojos y ese descaro para andar. Tú sigues llevando mis sudaderas favoritas y esos vaqueros que te hacen tan buen culo. Tú te metes las manos en los bolsillos de la chaqueta y me sigues mirando de reojo. Tú sigues empeñado en seguir en tu mundo mientras que yo… Yo sigo aquí, empeñada en entrar en el tuyo.
Olvidándome de que debo construir el mío propio. Olvidándome de disfrutar de mi mundo, porque parece que sin ti, nada tiene sentido. 

Y yo, yo no puedo olvidarte así como así. No puedo y no quiero. 

Y quizás ese sea el único problema. 

O quizás sea ese pelo rubio revuelto, despreocupado, que está perfectamente pensado y analizado por mis ojos.

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